lunes, 21 de enero de 2008

LAS DISTANCIAS

La ventana se abre de par en par hacia un horizonte que en sus vagas líneas al parecer dibuja la siniestra sonrisa de una malévola intriga. Asusta el tono del aire, pero ese no pasa del silbido amenazante para convertirse en abrazo de garras que se hincan en el pobre suelo de los ánimos, en el frágil puente que aún se tiende desde la barca de bríos delirantes, de anhelos abandonados.

Cuántos antifaces se caen de los árboles para desenmascarar su pobre repitencia, las raíces son iguales que las ramas, secas, quebradizas, oscuras, parodia del albor de nocturna hazaña para vivir entre los engaños fatuos.

A ratos, todos convergen en ser "engaño". Engaño el abrazo y la camaradería. Engaño la promesa y la honra. Engaño la alabanza y los cariños. ¿Creéis que no lo sé?

Y es ha distancia cuando con mayor razón puedo ver esas manos escondidas y el brillo de la mentira rondando la quimeras de los montes sembrados antes de lozanía.

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