domingo, 27 de enero de 2008

POR UNA VEZ

Si sólo por una vez pudiese hallar el hilo dorado en el laberinto de las palabras, por fin, tal vez hallaría ese supremo sentido de las fuerzas epicéntricas, del origen y el delirio embriagante del conocimiento. Pero no ése, cargado de hipótesis y criaturas teorizadas del cerebro. ¡No! sino el que se despoja de tanta parodia de nudos que paralizan, de las vendas que ciegan, de los lazos que ahorcan la verdad y esclavizan en faenas sombrías y tristes al genio de la sencillez, que muere así sin esperanzas de luces nuevas.

¡Sí! sólo por una vez, sentir la diáfana desapropiación de la búsqueda, para contemplar más allá de lo que entendemos, el diálogo de las formas que se apelmazan, la magia de la integración, que dando lugar a todos, a todos prodiga utilidad, las piezas claves de lo pequeño.

He allí la grandeza, en ser aparente nada, pero columnilla que ayuda a sostener el universo. Por su aporte, no de materia, no de vanas verdades creadas, creídas y maquilladas de conjeturas sin sentimiento.

Más allá aún, por ser materialización de la palabra pronunciada, del amor que habla, junta y forma. Su voz enlaza cada breve sílaba en la eternidad de su monólogo maravilloso de la vida.

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