martes, 22 de enero de 2008
Ocaso
La tarde se cae como ave rendida y dormilona, con todo su peso sobre los ánimos de piedra. Que bochornoso, que te hablen de éxitos y futuros cargados de promesas como veneno con aroma de sándalo. Sustancia de viscosas y rancias emociones que adereza la extraña muestra de los gestos resignados al cansancio, al hastío. De verdad, qué aburrido es a ratos colarse entre los olvidos y flanquear las muecas sonrientes que sólo tienden amarras a la presa, gris aparición entre las penumbras del sol que cae. Se precipitan los colores del horizonte incendiado, y pareciera que al mismo tiempo logra hacer del alma, sólo pólvora mojada. Ni siquiera ves la última reacción, ni siquiera queda el deseo de volver a expresarse o discutir, plantear la opinión. En realidad de nada vale, la voz no es más que una confirmación de la servil renuncia.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario